Era de mañana, y andaba enrollado en una serie de labores domésticas, mi forma de poner en práctica el Darma de lo Cotidiano, meditación en acción, o como en los templos zen donde practican Samu, un trabajo con conciencia plena, para desarrollar la espiritualidad.
Llegaron dos niños con gelatinas.
—¿Nos compra una?
Dejé a un lado la escoba, barría las escaleras del frente, y pensé un poco. Eventualmente fui por unas monedas y les compré dos vasos, piña y fresa. No serían para mí.
Alguien pasará más tarde, pensé.
Dicho y hecho. A las pocas horas, cuando ya echaba agua en las escaleras, a medio día, con el sol de primavera haciendo sus primeras instancias, llegó un sujeto moreno, robusto, de pelo a rapa.
—Hermano —dijo—, ¿no tendrá una comida que le sobre? Soy centroamericano.
Fui por las gelatinas. El centroamericano las tomó agradecido, viéndome fijamente a los ojos, su persona acalorada.
—¿Puedo sentarme debajo del árbol?
Asentí. Él se colocó en la sombra.
Me entró más conciencia, más moralidad, como si sintiera que tuviera que hacer más por este hombre. Fui por una naranja, una pera, una bolsa de frutas secas, una botella de agua.
—Si supiera —dijo—, vengo desde El Salvador. No sé a cuántos trenes me he subido y caído. Casi me rompo las piernas dos veces. Pero no pierdo la fe. Dios me ayudará.
—Dios lo ayuda, lo trajo hasta aquí. ¿Porqué no va a la iglesia?
—Acabo de ir, y el guardia me quería llevar. Me veían mal. No quiero que me hagan daño. Vengo de tan lejos y no conozco a nadie.
—Lo que debe hacer es buscar un trabajo temporal.
—Eso haré, las construcciones, quizá me den trabajo.
Asentí, tratando de pensar en cómo ayudar a este hombre, que luego se retiró lentamente, con su bolsa de víveres, bajo el sol de mediodía.

La atención al momento presente es como un motor que impulsa a querer ser protagonista, no por destacarse sino por actuar.
En ese caso, era no dejar ir a ese hombre sin haber hecho algo por él, lo mismo que haber comprado las gelatinas.
Si no hubieras estado allí, atento a lo que hacías y a la realidad, ni siquiera hubieras visto a los niños que vendían, ni al hombre que pedía.
Meditación en acción, porque la meditación es para la vida, o es la vida.
Gracias por compartir.
Te dejo un abrazo.
Hay cosas que no se pueden decir, sólo se hacen cuando espontáneamente se descubre que hay que hacerlas.
Saludos.
Hola! bonito blog!
seguire pasando por aca!!!
Besos!!
Blanca, si algo es cierto es que con la meditacion uno esta mas atento, como decis en tu comment… lo he notado, uno observa con mas atencion las cosas.
Regina, hay un cuento de Tolstoy donde aborda precisamente esa cuestion, donde un personaje se hace 3 preguntas, cual es el momento mas importante (este), cual es la persona mas importante (con la que estas en este momento), y cual es la obra mas importante (hacer el bien)…
Gracias por visitar Ivana, ojala vuelvas. Saludos.